Capítulo 134 — La ley del corazón
Cuando las puertas automáticas del hospital se abrieron, el aire de Londres golpeó el rostro de Virginia con una mezcla de frescura y contaminación urbana que, por primera vez en meses, le supo a libertad absoluta.
No había carruajes esperando, ni lacayos de librea. En su lugar, el ruido del tráfico moderno, las bocinas de los taxis y el murmullo de una ciudad que nunca dormía llenaron el espacio.
Pero no estaba sola. Una mano firme y cálida sostuvo su codo d