Capítulo 133 — Un nombre olvidado
Una tarde María Dolores entró en la habitación. Se la veía nerviosa, retorciendo la correa de su bolso entre las manos. Despidió a la enfermera con una sonrisa tensa y se sentó al borde de la cama de su hija.
— Virginia, cariño… Necesito hablar contigo —dijo, con un tono de gravedad que hizo que Virginia dejara el libro que Arturo le había traído esa mañana.
— ¿Qué pasa, mamá? ¿Son los médicos? ¿Hay algún problema con el alta?
— No, no es nada de eso. Tu salud