**Capítulo 102** El precio de la obsesión.
El espacio donde se encontraba encerrado Robin, era oscuro y opresivo; un lugar donde el tiempo no existía más que como una tortura prolongada.
Robin, o lo que quedaba de él, estaba sentado en el suelo frío y sucio. Mientras sus enormes garras deformadas raspaban el concreto, creando un sonido desesperante y constante, como si quisiera desgarrar la misma realidad que lo mantenía prisionero.
No tenía otro entretenimiento. Día tras día, noche tras noche, las paredes de metal reflejaban su figura