9- Castigada por el alfa.
Gregor observó a Mairen avanzar con ese andar pausado y majestuoso, con la cabeza en alto y una expresión de absoluto dominio, como si realmente fuera la princesa que todos creían.
Su vestido ondeaba a cada paso, y sus ojos brillaban con desafío.
Detrás de él, la loba omega seguía sollozando, y temblando de miedo, con la mirada clavada en el suelo, incapaz de sostener la tensión que le provocaba la simple certeza de que la princesa la mataría.
—Tan pronto me necesitas, alfa —murmuró Mairen con