8- Advertencia a la falsa princesa.
Mairen, perdida en sus pensamientos, ni siquiera respondió.
—¿Por qué no me gustaría? Lo distinto siempre es emocionante —respondió Elyria en su lugar, con una sonrisa pícara en los labios.
Gregor apretó los dientes. Aquella mujer tenía una respuesta para todo, y cada vez que abría la boca, lo ponía más de los nervios, pero su duda crecía cuando ella se refería a sí misma como la princesa.
«Es imposible, ¿cómo sería la princesa si no tiene una pizca de poder?», se dijo en su fuero interno, conv