66- Éxtasis salvaje.
Gregor la devoraba de manera embriagadora, dulce y con hambre, mordisqueando sus pezones erectos, y luego regresaba a su boca, invadiéndola con su lengua en una danza frenética, mientras sus manos descendían bajo las bragas, apretando sus nalgas con ansia posesiva.
Sobre su vientre, Elyria podía sentir aquel miembro palpitante y firme, como una promesa inquebrantable de todo lo que estaba por venir.
Su mente daba vueltas, su cuerpo clamaba por más. Quería ser poseída, quería sentirlo dentro, ll