44- No toques a mi alfa.
Una punzada de duda cruzó su pecho. Ronald la notó, y sonrió con crueldad antes de girarse hacia Gregor.
—Y tú… —le dijo con desdén—. ¿Sabías que la loba que fingía ser la princesa no lo era y aun así te aprovechaste? ¿Usaste a la princesa verdadera para ganar poder? ¿O fue solo por placer? Ahora entiendo por qué la llamas “tu luna”. ¡Eres un miserable! Un oportunista que no deja pasar ni la más mínima oportunidad.
Gregor gruñó.
—Curioso… —murmuró—. ¿Por qué no pareces tan sorprendido de saber