43- Rechazando al alfa destinado.
Elyria había mantenido los ojos cerrados, esperando el impacto brutal de las fauces del lobo de Gregor. Su respiración era entrecortada, temblaba, pero… nada sucedió. No sintió el más mínimo roce.
Tardó unos segundos en atreverse a abrir los ojos, y cuando lo hizo, el enorme lobo de Gregor no estaba abalanzado sobre ella, ni siquiera la amenazaba. Estaba echado a su lado, con su pelaje cubierto por la nieve que seguía cayendo sin tregua.
Aunque resollaba con fuerza y la rabia todavía ardía en