23- Desayuno para el alfa.
Minutos después:
El olor a madera vieja y humedad impregnaba la cabaña, mezclándose con el leve aroma metálico de la sangre.
Elyria estaba atada a un poste de madera, con las muñecas enrojecidas por la fricción de las cuerdas. Intentó concentrarse, forzando su cuerpo a canalizar el poder que los brazaletes contensores no retenían del todo, pero nada sucedió.
La impotencia la consumía.
Un golpe le hizo ladear el rostro. Luego otro. No eran golpes para matarla, pero sí lo suficientemente fuerte