22- Loba perversa.
20 minutos antes.
El sol apenas comenzaba a filtrarse por las altas ventanas cuando Mairen despertó con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
No podía recordar la última vez que había estado de tan buen humor. La idea de que Elyria estuviera muerta le llenaba de un placer indescriptible, casi embriagador.
«Por fin… por fin me deshice de esa princesa insignificante», susurró para sí misma, estirándose perezosamente sobre las suaves sábanas de seda.
Se giró con aire despreocupado, aferrándos