52.

La ninfa se cruzó de brazos y se elevó unos centímetros sobre la mesa, inflando el pecho con una arrogancia que hacía que sus alitas desprendieran destellos dorados. Miró a Sebastian con suficiencia y luego a Bella con una sonrisa de superioridad.

— ¿Un tutor? ¿Un humano con barba blanca, túnica y libros polvorientos? — bufó el hada, soltando una carcajada cristalina — Por favor, Sebastian, no insultes mi linaje. Ningún maestro de este Imperio, por muchos títulos que tenga, se le iguala a una c
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