51.
Bella sentía que el aire en el comedor se volvía denso y asfixiante. Las imágenes de aquel día regresaron como dagas: la humillación, los susurros a sus espaldas y las miradas de desprecio de los sirvientes que ella tanto quería conocer.
Recordó perfectamente cómo ocurrió. Ella estaba esperando en el pasillo, temblando de nervios, cuando Teo Dan entró en la antecámara con una expresión de fingida preocupación.
— “Bella, querida” — le había dicho con esa voz melosa que entonces ella creía sincer