74.
La reunión en el salón privado de Sofía bullía con un aire de conspiración y seda. Lysandra, con el mentón más alto que nunca y el collar de plata barata brillando bajo las lámparas, no esperó ni a que le sirvieran el té para empezar su despliegue de vanidad.
— No se imaginan lo que he descubierto — anunció Lysandra, paseándose frente a las damas con la gracia de un pavo real — Sebastian es un hombre de contrastes. Lo encontré en su despacho, con sus propias manos tallando una Lágrima de Dríade