26.
Bella soltó una risa amarga y negó con la cabeza en cuanto la puerta se cerró tras el médico.
— Ese hombre está loco, Sebastian — protestó ella, dejándose caer contra las almohadas — ¿Piedras de maná? ¿Fiebres del despertar? Debe haber perdido el juicio con la edad. Te aseguro que no hay ni una pizca de magia en mí. Soy la persona más común del reino.
Sebastian no se rió. Se mantuvo firme, observándola con una seriedad que la obligó a guardar silencio.
— Ese hombre no es un médico de aldea, Bella — sentenció él con voz grave — Es el Doctor Aris. Se encarga exclusivamente de tratar a personas con núcleos de maná complejos. Es un erudito que ha dedicado cincuenta años a estudiar la energía vital. No hay nadie en todo el continente que sepa más sobre el flujo de maná que él.
Bella se quedó paralizada al escuchar el nombre. Sus ojos se abrieron de par en par y un recuerdo borroso, cubierto por el polvo de los años y la tragedia, emergió en su mente.
— ¿El Doctor Aris? — susurró, sintiend