25.

Una reunión se llevó a cabo en la penumbra de la sala principal, con un aire de pesadumbre que los envolvía a todos los que se habían juntado para discutir el asunto urgente.

Sebastian estaba de pie, apoyado contra la pared con los brazos cruzados mientras Martha y dos de los caballeros de más confianza se sentaban a la mesa con expresiones de profunda preocupación.

— Esto ya no es solo cansancio, mi señor — comenzó Martha, golpeando la mesa con suavidad, pero con insistencia — Hoy se quedó dormida frente al fogón. La comida se quemó por completo, algo que jamás le había pasado. Estaba allí de pie con el cucharón en la mano y los ojos cerrados como si le hubieran robado el alma.

Uno de los caballeros, que todavía tenía un trozo de pan duro en la mano, asintió con tristeza.

— Es verdad. Los muchachos y yo nos comimos los panecillos esta mañana... estaban duros como piedras y negros por fuera. Nadie dijo nada, nos los comimos por compasión porque verle esa cara de depresión nos partía e
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