23.
Bella no podía quedarse de brazos cruzados mientras el campamento se transformaba en una zona de guerra silenciosa.
Con el corazón latiéndole deprisa caminó hacia el claro del bosque que Sebastian utilizaba como campo de entrenamiento privado.
Al llegar se detuvo en seco.
Sebastian estaba allí pero ya no era el hombre alegre y calmado que repartía sopa con ella tiempo atrás. Parecía un demonio de combate.
Se movía con una velocidad aterradora, su espada cortaba el aire con silbidos violentos y