20.
El ambiente en el patio era hostil. Martha intentaba ponerse frente a Bella para protegerla pero los aldeanos estaban fuera de sí.
— ¡Incluso la cocinera ha permitido esta falta de respeto! — chilló un hombre, apuntando con el dedo a la señora Martha — ¡Nos han dado comida para cerdos!
Cuando Sebastian apareció su sola presencia hizo que la gente retrocediera un par de pasos, pero la indignación era tan grande que no se callaron.
— ¿A qué se debe este alboroto? — la voz de Sebastian resonó en el aire — Se supone que deberían estar descansando antes de volver al trabajo, sus gritos se escuchan incluso en mi oficina.
Bella, con el delantal manchado de sopa y las manos temblorosas, intentó dar un paso al frente.
— Sebastian, yo solo quería...
— ¡No la escuche, Duque! — la interrumpió bruscamente un campesino — ¡Esta chica nos ha servido sopa de sobras con champiñones triturados como si fuéramos mendigos!
— ¡Es un insulto a nuestro trabajo! — gritó otro desde el fondo — ¡Nos quiere alime