21.
La sala del trono se sentía tan asfixiante como encerrarse en una mazmorra sin ningún tipo de iluminación.
Sebastian había permanecido de pie un largo rato, con la espalda recta como una espada y la mano apoyada en el pomo de su arma, observando la escena con un desprecio que luchaba por ocultar.
Frente a él el rey Teo Dan estaba recostado en su asiento de oro sin prestarle la mas mínima atención desde que llegó por petición de él.
A su lado estaba Sofía, su amante quien le acercaba trozos de f