14.
El día del entrenamiento llegó mucho antes de lo que Bella hubiera deseado.
La oscuridad todavía envolvía el campamento cuando sintió que alguien sacudía su hombro con brusquedad.
Al abrir los ojos se encontró con la figura imponente de Sebastian, quien ya estaba completamente vestido y equipado, sosteniendo una lámpara de aceite que proyectaba sombras alargadas en la tienda.
— Arriba — ordenó él, sin un ápice de compasión — El bosque no espera a los que se quedan entre las sábanas.
— Es de noche, Sebastian... — protestó Bella enterrando el rostro en la almohada — Ni siquiera los pájaros se han despertado.
— Exactamente por eso nos vamos ahora.
Tras diez minutos de forcejeo y quejas en voz baja Bella terminó arrastrando los pies fuera de la tienda. El frío de la madrugada la golpeó como una bofetada. Llevaba puesta su ropa de caza de cuero y tela gruesa pero se sentía como si fuera de papel frente a la neblina helada que bajaba de las montañas.
Con la ballesta colgando de su hombro Be