15.

Sebastian, confiado en que estaban en una zona protegida por sus propios centinelas le había dado a Bella un espacio donde podría cazar.

— No te alejes demasiado — le advirtió él, ajustando la tensión de su propio arco — Práctica con esa liebre..., si no puedes darle a algo que corre nunca le darás a un guardia en movimiento.

Bella asintió aunque sus ojos pesaban por el sueño y el frío le calaba los huesos. Se separó unos metros siguiendo el rastro de una liebre. El animal era rápido como si se
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