15.
Sebastian, confiado en que estaban en una zona protegida por sus propios centinelas le había dado a Bella un espacio donde podría cazar.
— No te alejes demasiado — le advirtió él, ajustando la tensión de su propio arco — Práctica con esa liebre..., si no puedes darle a algo que corre nunca le darás a un guardia en movimiento.
Bella asintió aunque sus ojos pesaban por el sueño y el frío le calaba los huesos. Se separó unos metros siguiendo el rastro de una liebre. El animal era rápido como si se burlara de su torpeza con la ballesta. Bella se internó un poco más en la maleza frustrada e intentando recordar las lecciones de postura de Sebastian.
De repente el bosque se sumió en un silencio absoluto y un ruido extrañoa la hizo girar la cabeza. Entre dos robles apareció una figura. Bella sintió que el corazón se le detenía.
Era ella.
Su madre.
Llevaba el mismo vestido de sus recuerdos. No decía nada, pero su mirada estaba fija en Bella con una intensidad que le partía el alma. No era el r