13.
Esa noche, Bella tuvo dos sueños
El primero:
El mundo se ha reducido a un rugido ensordecedor de llamas. No hay ni suelo, ni cielo, solo una masa de fuego carmesí que lo devora todo. Bella está en el centro de ese infierno sola, envuelta en un calor tan denso que parece tener peso. Cada vez que intenta inhalar el aire le quema la garganta como si estuviera tragando brasas encendidas.
Siente una presión insoportable en el pecho. Cuando abre la boca para gritar no sale sonido alguno. En su lugar una llamarada brota de su interior, escapando por sus labios y fundiéndose con el incendio que la rodea. El dolor es una agonía que le impide articular palabra o pedir clemencia.
De pronto un frío repentino golpea sus tobillos. Bajo sus pies la tierra carbonizada desaparece, reemplazada por un charco de agua cristalina y una brisa helada que corta el aire. Por un segundo el alivio es indescriptible. El fuego a su alrededor comienza a apagarse bajo la caricia del agua y el viento.
Pero la calma d