La noche de la luna nueva era una oscuridad casi absoluta, un lienzo de terciopelo negro sin estrellas que el cielo nublado se había encargado de tejer. Era una noche para secretos y depredadores, y nosotros éramos ambas cosas.
Salí del cobertizo con un cubo vacío en la mano, mi excusa era ir al pozo principal a por agua fresca para el "enfermo". Mi corazón martilleaba contra mis costillas, cada latido era un tambor que temía que todo el clan pudiera oír. Mantuve mi paso lento, mi postura encor