Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer en el cobertizo no era un suave despertar, sino una cruda intrusión. La luz grisácea se colaba por las rendijas, trayendo consigo el frío de la mañana y los sonidos del clan que volvía a la vida: el distante resonar del martillo de un herrero, el ladrido de los perros de caza y las voces apagadas de los sirvientes que comenzaban sus labores.
La noche había sido una lección de disciplina. Nos sentamos en la oscuridad durante horas, cada uno en su rincón, un prisionero salvaj







