La puerta del cobertizo se cerró con un estruendo que pareció sellar nuestro destino. La oscuridad nos envolvió, una negrura casi total, rota solo por finas rendijas de luz de luna que se filtraban por entre las tablas de la pared. El único sonido era la respiración agitada y áspera de Ashen, una mezcla de esfuerzo real y actuación consumada. Afuera, las voces triunfantes de los guardias se alejaban, dejando tras de sí un silencio preñado de peligro y posibilidades.
Me quedé inmóvil, con la esp