La puerta de la cabaña se abrió de un golpe, pero no fue un guardia ni un enemigo quien entró. Fue Rheon.
Su furia se había disipado, reemplazada por una calma gélida que era, de alguna manera, más inquietante. Su mirada me buscó, y en ella vi una mezcla de agotamiento, resolución y una posesividad renovada que me erizó la piel. Había dictado sentencia, había reafirmado su poder, y ahora venía a reclamar su papel de mate protector.
— Dorian, Aneira — dijo Rheon, su voz estaba cargada con un ton