El aire fresco del bosque me golpeó con fuerza al dar el primer paso lejos de Ashen. La luz de la luna, que antes se veía tímida y distante, ahora iluminaba el camino por el que me dirigía. Un brillo plateado, frío y distante, que parecía burlarse de la oscuridad que se aferraba a las raíces y a las piedras del terreno; el sol no alcanzaba a iluminar esas zonas corruptas, pero la luna brillaba con fuerza aunque fuese de día. Sentí la conexión con la Diosa y su mensaje: sobre todo en la oscurida