La estabilidad no se rompió.
Se desplazó.
No fue un estallido ni un enfrentamiento abierto lo que alteró el equilibrio frágil que habíamos logrado sostener durante los últimos días. Fue algo más fino. Más imperceptible. Una variación en el ritmo del campamento. Una pausa que duraba un segundo de más. Un silencio que no era natural.
La tensión había dejado de ser externa.
Había comenzado a filtrarse hacia adentro.
Lo noté una mañana en el entrenamiento.
Dorian dirigía la práctica con la discipl