No hubo un momento exacto en el que pudiera decir: aquí empezó.
Eso fue lo primero que me inquietó.
Porque lo que verdaderamente peligroso rara vez comienza con un gesto claro. Empieza con la naturalidad. Con la sensación cómoda de que todo sigue funcionando, incluso cuando el sistema ya ha cambiado de forma.
Volví al borde del claro donde, unas horas antes, había observado a los mediadores jóvenes construir una conversación que no pasaba por ningún canal oficial. Ahora el lugar estaba ocupado