No fue una noche inquieta.
Fue una noche organizada.
Eso, con el tiempo, aprendí a reconocerlo como una señal mucho más peligrosa que el caos.
Dormí poco. No porque el cuerpo no pudiera descansar, sino porque la mente se había quedado trabajando en capas, superponiendo mapas que no existían sobre territorios que sí. Umbra Lux seguía funcionando con una precisión casi admirable, pero ahora esa precisión no respondía a un único centro de gravedad. Se estaba distribuyendo. Como si el sistema, sin