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No fue el sonido lo que me despertó.

Fue la sensación.

Una alteración mínima en la forma en que el territorio respiraba, como si alguien hubiera desplazado un peso muy pequeño de un punto a otro y, sin embargo, todo el equilibrio se hubiese reajustado alrededor de ese gesto. No era magia activa. No era una intrusión. Era un reordenamiento.

Abrí los ojos antes de incorporarme, dejando que la penumbra del refugio se filtrara lentamente en mi percepción. El lugar donde descansábamos Ashen y yo no
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