Ren, sobresaltado, despertó asustado.
-¡Rector!
-Nosotros....
Ren se vistió a toda prisa, recogiendo a trompicones sus cosas mientras el rubor le ardía en las mejillas. Apenas pudo balbucear nada antes de salir corriendo por la puerta, como si el suelo quemara bajo sus pies. Las feromonas lo delataban.
Hyeon dio un paso para seguirlo, el instinto y la angustia empujándolo hacia adelante, pero la mano firme de su padre lo detuvo en seco.
—Ni un paso más —ordenó el rector, con esos ojos seve