Hyeon pensaba ir a buscar a Ren, cuando su celular volvió a vibrar quince minutos después.
Hyeon, aún con el ceño fruncido, lo tomó sin apartar la mirada de la foto en la pantalla. La imagen era borrosa, tomada desde lejos, pero bastaba para reconocer la silueta de Ren.
El omega entraba a un hotel con una bolsa en la mano, el cabello húmedo y la mirada baja.
Su pecho se aprieta.
El corazón le latía con una mezcla de ira y miedo.
— ¿Qué diablos es esto? —murmura con su voz quebrada entre la rabia y la incredulidad.
Marca el número desde donde había llegado la imagen.
El tono de llamada se escucha tres veces antes de que alguien respondiera.
—Vaya, vaya… —la voz suena suave, casi melosa—. Qué sorpresa recibir tu llamada, Hyeon.
—Thiago. —El tono del alfa cambió de inmediato, más grave, más contenido—. ¿Qué demonios estás tramando? ¿Cómo diablos sigue mi número?
—¿Yo? —Thiago soltó una risa corta—. No importa a quien se lo quite. Solo te estoy abriendo los ojos. No me gusta ver cómo te e