Por un instante, Adrián creyó haber oído mal.
—¿Cómo que hace varios días? Yo ordené que regresaran hoy.
Su voz era glacial. Los hombres comprendieron que habían cometido un error gravísimo y solo pudieron seguir inclinándose y suplicando clemencia. El patio se llenó con sus ruegos.
A Adrián se le nubló la vista y tuvo que dar dos pasos atrás para no caer. Si sus hombres se habían retirado el mismo día que él, nadie sabía lo que Adela había soportado desde entonces.
Recordó las palabras de Jimen