La mano con la que Adrián se frotaba la sien quedó inmóvil.
—¿Qué quieres decir con que se marchó? ¿Cuándo? ¿Dónde están los demás sirvientes de estas habitaciones?
Su tono se volvió más amenazante con cada pregunta. La doncella temblaba sin control.
—N-no lo sé, señor. Solo sé que hace unos días Clara canceló los contratos de servicio de todos y les dijo que podían marcharse si así lo deseaban. Entonces… todos se marcharon.
—¿Y tú? ¿Por qué te quedaste?
La mirada feroz de Adrián la atravesó. La