Adrián vestía una túnica azul oscuro. Estaba mucho más delgado que antes y se le enrojecieron los ojos en cuanto me vio.
Jimena me había contado que, después de mi partida, Adrián se había vuelto hostil y había terminado enemistándose con mucha gente. Como ya me había descubierto, no tenía sentido seguir ocultándome.
Sostuve su mirada.
—Ha pasado mucho tiempo —dije.
Adrián respondió con voz ronca; todo su cuerpo temblaba de emoción.
—Sabía que no habías muerto. Perdóname. Te juzgué mal. Nunca de