La residencia se llenó de actividad. Todos estaban ocupados con los preparativos de la boda, que se celebraría en pocos días.En medio de aquel ajetreo recibí una invitación de una amiga cercana, Jimena Rojas, para la celebración por el nacimiento de su hijo. No podía rechazarla, así que a la mañana siguiente llevé un regalo y fui a su casa.Jimena frunció el ceño en cuanto me vio.—¿Por qué tienes tan mala cara?Sonreí levemente.—Me resfrié hace unos días, pero ya estoy mucho mejor.Jimena no me creyó. Las dos habíamos crecido en la frontera y ella tenía un carácter todavía más impetuoso que el mío.—Me contaron que Adrián trajo a una mujer del sur y piensa convertirla en su segunda esposa. No te preocupes, yo me encargaré de darle una lección.En cuanto lo dijo, comprendí que algo no andaba bien. Antes de que pudiera preguntarle, un sirviente irrumpió en la sala con el rostro desencajado.—¡Señora, tenemos un problema! El perro que llevábamos para asustar a la señorita Ferrer se vol
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