Lucía cerró la puerta de su casa con cuidado, como si el mundo pudiera romperse si hacía ruido.
El corazón aún le latía rápido.
No por miedo.
Por algo mucho más peligroso.
Se apoyó un segundo contra la madera, respirando hondo. La imagen de Eduardo esperándola fuera de la biblioteca, su sonrisa tranquila, la forma en que la miró sin exigirle nada… todo regresaba una y otra vez, insistente.
—No es nada —se dijo en voz baja—. Solo fue un momento.
Pero su pecho no estaba de acuerdo.
—¿Nada qué?
Lu