El consultorio olía a desinfectante y flores frescas.
El doctor las había colocado esa mañana, sabiendo que aquel día sería especial: Clara y Mateo por fin conocerían el sexo de su bebé.
Desde muy temprano, la casa fue un torbellino.
Clara estaba frente al espejo, con un vestido holgado color crema y el cabello recogido, acariciando su vientre con ternura.
—No puedo creer que hoy sabremos qué es —dijo con una sonrisa luminosa.
Mateo, medio dormido, buscaba las llaves del coche.
—Tú sabrás