Las ojeras se habían convertido en parte del uniforme de Mateo.
En el bufete, todos decían que podía medir el tiempo según el color bajo sus ojos: gris pálido los lunes, azul cansado los miércoles y casi morado los viernes.
Pero él solo sonreía.
Porque, a pesar de todo, estaba feliz. Exhausto, sí, pero feliz.
Clara estaba en su séptimo mes de embarazo, y cada día era una aventura.
Desde hacía dos semanas, dormía en una colchoneta junto a la cama. No porque se hubieran peleado, ni mucho men