El Hotel Swift relucía como una joya arquitectónica en medio de la ciudad. Alfombras gruesas en tonos borgoña apagaban el ruido de los pasos; lámparas de cristal colgaban en hileras brillantes que iluminaban el vestíbulo. El aire olía a madera encerada y a perfume caro. Todo estaba dispuesto para recibir a los seis bufetes finalistas que presentarían sus propuestas para la licitación del Puerto de Costa Verde, una de las obras privadas más ambiciosas de los últimos años.
Raúl y Ernesto, acomp