El atardecer caía sobre la ciudad y el Hotel Swift se mantenía iluminado como un faro de elegancia. Las lámparas de araña resplandecían, y el murmullo de los asistentes llenaba el vestíbulo mientras los equipos aguardaban. La ceremonia protocolar había concluido horas atrás, y los ministros de Ambiente, Turismo y Presidencia ya habían ocupado asientos en primera fila, como figuras solemnes que legitimaban el proceso.
Aunque no tenían voto en la decisión final, sus miradas severas y el gesto c