Mundo ficciónIniciar sesiónEste libro contiene una breve colección de relatos eróticos cortos con un toque de sensualidad. Cada uno de ellos presenta encuentros únicos y casuales entre los personajes despertando pasiones prohibidas. No es necesario leer alguna otra de mis novelas para entender estos relatos. **Las historias aquí narradas son ficción y producto de mi imaginación. La reproducción total o parcial de este material queda prohibida.
Leer más—¡Adam! ¡Adam! ¿Amor estás aquí? —grito al tiempo que subo las escaleras rumbo a mi habitación, todo está en penumbras, por lo que deduzco que mi marido aún no llega, lanzo un suspiro y en cuanto abro la puerta del dormitorio me quito las zapatillas, voy hasta el cuarto de baño y lleno la tina, en lo que me deshago de mis prendas y el maquillaje.
Hoy fue un día bastante pesado en la oficina y necesito relajarme por lo que agrego unas gotas de aceite de lavanda a la tina y después me meto en ella, cierro los ojos y respiro el agradable aroma que inunda el baño. Cuando siento que comienzo a tener un poco de frío salgo de la tina y me doy una ligera ducha, una vez que termino me pongo una bata y enredo una toalla en mi cabeza, salgo y en cuanto cierro la puerta con el rabillo del ojo veo una figura oculta en las sombras, me giro tan rápido que casi me caigo, pero alcanzo a sostenerme de la manija.
—¿Adam eres tú cariño? —pregunto e intento escudriñar el rostro de la persona que aún se mantiene oculta, se mueve un poco y cuando la luz de la Luna alumbra su rostro doy un paso atrás—. ¿Quién es usted?
—¡Tranquila nena! No debes de temer —susurra el hombre con su grave voz.
—M-mi esposo está en la cocina y no debe tardar en subir, le pido que p-por favor se vaya.
—Sé que estás sola, hermosa, acabas de preguntarme si era tu marido, además, de que te he tenido vigilada desde hace días y sé que tu esposo aún no llega, por lo que estamos completamente solos —dicho esto se acerca y en dos zancadas lo tengo frente a mí.
Me toma por la cintura y me pega a su cuerpo, tanto así que siento como su corazón late tranquilamente, no como el mío que de un momento a otro abandonará mi pecho, intento apartarlo de mí empujándolo de sus hombros, pero me es imposible debido a que es mucho más fuerte que yo, cuando se da cuenta de mis intenciones toma mis manos y las pone detrás de mi espalda.
—Eres más rebelde de lo que me imagine Amelia —susurra en mi oído, mi pulso se acelera cuando me llama por mi nombre y un miedo irracional inunda mi cuerpo. —Te lo he dicho, no debes de temer, la pasaremos muy bien.
Muerde mi lóbulo y sin más mi cuerpo tiembla ante esta acción, posa su nariz en mi cuello y aspira mi aroma, mientras con su mano libre retira la toalla de mi cabeza provocando que mi cabello caiga en cascada, enreda sus dedos y jala de ellos hacia atrás dándose él mismo, acceso a mi cuello. Su lengua traza un lento recorrido hasta mi clavícula, después abre mi bata y su mirada recorre mi cuerpo con tanta lujuria que siento mi cuerpo calentarse, intento zafarme de su agarre, pero cada que lo hago aprieta un poco más fuerte mis manos provocándome un poco de dolor.
—Tu aroma es embriagante Amelia, tanto así que me declaro adicto a ti y eso que aún no te he probado como se debe.
Sin más palabras me lanza a la cama, cuando me veo libre de sus manos, intento apartarme de él arrastrándome por la cama, sin embargo, sus manos me toman por los tobillos y me llevan hasta el centro sin esfuerzo alguno, intento patalear, pero cuando menos lo siento ya está sobre mí, impidiéndome que huya.
—¡Te lo suplico!, ¡No me hagas nada!, además mi esposo no tarda en llegar —le pido con la voz un poco temblorosa.
—No puedo Amelia, una vez que comienzo no puedo parar. —Baja su boca hasta la mía y su lengua se abre paso a la fuerza en mi cavidad, solo se separa unos instantes para recobrar el aliento y continúa besándome, dejando mi mente en blanco y provocando que me olvide por completo de que todo esto es una locura.
Su mano desciende lentamente por mi cuerpo, acariciando todo a su paso y tocando esos puntos sensibles que me vuelven loca, cuando siento que sus dedos rozan mi intimidad me estremezco y dejo escapar un ligero jadeo. Abandona mis labios y estos se sienten extraños sin los suyos, nunca me habían besado de esa forma tan salvaje, pero al mismo tiempo tan dulce que ya siento como si los extrañase.
De un momento a otro recuerdo a Adam y esa burbuja de placer que había creado con este hombre se revienta trayéndome a la realidad, lo empujo por los hombros haciendo que casi caiga de espaldas, pero es tan hábil que en un rápido movimiento me tiene inmovilizada contra la cama, toma mis manos por encima de mi cabeza y mi rostro con su otra mano, ejerciendo solo un poco de presión contra mi mandíbula.
—No vuelvas a hacer eso Amelia, porque te irá peor, mejor dedícate a disfrutar.
Me besa, pero esta vez con más urgencia, cuando se separa deja una pequeña mordida en mi labio inferior, en este momento quisiera llorar, pero las lágrimas se niegan a abandonar mis ojos y más aún cuando siento sus tibios labios sobre el nacimiento de mis senos descendiendo lentamente hasta llegar a mis pezones, succiona uno a uno y su lengua juguetea con ellos a su antojo arrancándome un jadeo más fuerte que el de hace un instante.
—¿Lo ves?, no te cuesta nada dejarte llevar —murmura sobre mis senos antes de dejar una pequeña mordida en uno de ellos, su mano vuelve a bajar por mi vientre y se posa en mi intimidad donde acaricia con delicadeza mi clítoris, trazando pequeños círculos y sin poder evitarlo abro un poco más mis piernas para darle mejor acceso a él.
—¡Así, por favor! —ronroneo, al tiempo que arqueo mi espalda, introduce un dedo y comienza a penetrarme tan lenta y tortuosamente que mis caderas se mueven en busca de profundizar un poco más, cuando agrega otro dedo a mi dulce tortura mis gemidos se hacen más altos, tanto así que me desconozco, nunca había disfrutado tanto con un hombre y menos aún con un extraño.
Mis piernas comienzan a temblar, los dedos de mis pies se retuercen y en una milésima de segundo exploto de placer aún con sus dedos dentro de mí, los retira ante mi atenta mirada y se los lleva a los labios, saboreándolos como si fuese el postre más exquisito que ha probado en su vida.
—¡Por dios Amelia!, tu sabor no se compara en nada a la fragancia que emana de tu cuerpo, ¡eres lo más delicioso que he probado! —baja sus dedos y posa uno de ellos en mi boca—, ¡vamos pruébate para que veas que no miento!
—¿Te gusta cómo se siente? —inquiere observando mi reacción.—Sí, se siente muy bien —respondo con sinceridad.—Y lo que sigue se sentirá aún mejor. —Retira el hielo y cuando posa sus labios en mi frío pezón, el calor de su lengua, junto con las pequeñas succiones que me da, me hacen desear más.—¡Hazlo de nuevo por f-favor! —suplico mordiendo mis labios.Sin despegarse de mi pezón, hace lo mismo con el otro y antes de acariciar con su lengua el que ha dejado frío, muerde el que aún se encuentra entre sus labios, provocando que mi espalda se arquee y mi mano se aferre al sofá.Cuando se apodera de mi otro seno y estoy disfrutando de sus caricias, me penetra de un solo movimiento, debido a su inesperada invasión mi mano se posa en su espalda enterrando mis uñas en el proceso.Con una de sus manos toma las mías, dejándolas encima de mi cabeza y las sujeta con un poco de fuerza, como si se tratase de un pequeño grillete, cuando comienza a acelerar sus movimientos sin soltar mi pezón con
—Dime, ¿es por esto por lo que me evades Clarisse? —inquiere deslizando su lengua por mi cuello, logrando que mi cuerpo se estremezca.—¿A q-qué te refieres?—¿Sigues enamorada de tu ex prometido? —Cuando pregunta esto, me pega más a su cuerpo y me muestra la revista que había estado leyendo antes de su llegada.—No es por eso —respondo conteniendo un gemido cuando comienza a restregar su miembro contra mi espalda.—¿Estás segura Clarisse? Porque no me gustaría perder mi tiempo.—¿Qué significa eso?—Significa que me interesas Clarisse y no solo en el plano sexual.—Sabes perfectamente que esto no está b-bien —respondo conteniendo un gemido cuando su mano sube, abre mi albornoz y aprieta mis senos, para después pellizcar mis pezones y debido a la fricción que provocan sus dedos junto con la tela de mi camisón mis gemidos se intensifican con cada segundo que pasa.—Esos gemidos son música para mis oídos, ¿lo sabías? —me pregunta arrebatándome la carpeta con los documentos y arrojándolo
—Puede que, si lo sea, pero tú también te imaginaste esa escena en tu cabecita Clarisse, lo sé por la forma en que aprietas tus piernas y por como tus pezones se han puesto duros. ¡Míralos! —me ordena, sube su mano hasta ellos y los pellizca provocando que lance un pequeño gemido.Cuando los suelta, saca de otro de sus bolsillos las bragas que olvide en su departamento, me ayuda a levantar mis piernas y cuando al fin me las coloca sonríe.—Definitivamente, si eres la Cenicienta sin bragas que estaba buscando, te quedan a la perfección —comenta poniéndose de pie.—¡Eres un idiota! —respondo, sin embargo, intento contener la risa debido a sus locuras, nunca me había divertido tanto, ni con Santiago en todos nuestros años de noviazgo.—Pero soy el idiota que cuando menos te lo imagines volverá a bajarte esas bragas Clarisse —susurra sobre mis labios al tiempo que acomoda mi vestido.Cuando al fin estoy casi igual de arreglada que hace algunos minutos, sin contar la tremenda follada que m
—No Clarisse, el pequeño Dante aún está molesto por lo que le hiciste el otro día, así que ahora debes de tratar de mantener a raya tus gemidos, a menos que desees que tu padre abra esa puerta y te encuentre follando con tu nuevo abogado, todo depende de ti —murmura en mi oído, para después separarse y continuar como si nada sucediese.—No, así está bien, Antonella, ahora esta oficina pertenece a Clarisse y deseo respetar su privacidad —comenta papá, pero sus últimas palabras me hacen pensar que sabe realmente lo que estoy haciendo en mi nueva oficina y sin poder evitarlo me siento morir de la vergüenza, sin embargo, ésta no dura mucho dado que Dante decide hacer una locura monumental.Sale de mi interior y cuando por fin creo que hemos terminado me embiste de golpe, pellizca uno de mis pezones y suelta otra palmadita en mi intimidad arrancándome un gemido, muerdo mi puño en el último momento y le lanzo una mirada fulminante.—¿Qué fue eso? —inquiere mi padre.—Parecía como un animal
Último capítulo