—Puede que, si lo sea, pero tú también te imaginaste esa escena en tu cabecita Clarisse, lo sé por la forma en que aprietas tus piernas y por como tus pezones se han puesto duros. ¡Míralos! —me ordena, sube su mano hasta ellos y los pellizca provocando que lance un pequeño gemido.
Cuando los suelta, saca de otro de sus bolsillos las bragas que olvide en su departamento, me ayuda a levantar mis piernas y cuando al fin me las coloca sonríe.
—Definitivamente, si eres la Cenicienta sin bragas que e