—No Clarisse, el pequeño Dante aún está molesto por lo que le hiciste el otro día, así que ahora debes de tratar de mantener a raya tus gemidos, a menos que desees que tu padre abra esa puerta y te encuentre follando con tu nuevo abogado, todo depende de ti —murmura en mi oído, para después separarse y continuar como si nada sucediese.
—No, así está bien, Antonella, ahora esta oficina pertenece a Clarisse y deseo respetar su privacidad —comenta papá, pero sus últimas palabras me hacen pensar qu