—Te ves mejor debajo de mí, gimiendo mientras te hago mía, aunque ¿sabes?, también te verías bien encima de mí, llevando el control esta vez —murmura al tiempo que se acerca a mí y besa mi cuello desnudo, apretándome contra su cuerpo, sintiendo sus fuertes músculos a través de su camisa y logrando que mi respiración se acelere con sus palabras—. ¿Lo ves? No te he tocado y ya estás excitada, preciosa y estoy casi seguro de que esta mañana cuando estabas en la regadera te acordabas de mí en todo