El amanecer encontró a Gabriela Rivas en la cocina, con las manos temblorosas alrededor de una taza de café que ya se había enfriado. La noticia del nuevo puesto de Ángeles en la mina la había dejado sin sueño.
Ahora ella ya estaba sola en la casa Francisco había regresado a casa de sus padres.
Intentaba concentrarse en los documentos, pero su mente la traicionaba una y otra vez.
Damián De La Vega.
Solo pensar en su nombre bastaba para que el corazón se le desacompasara. Había aprendido a sonreír cuando lo veía, a mantener la distancia profesional. Pero con Ángeles merodeando a su alrededor, su calma pendía de un hilo.
Suspiró. No tenía tiempo para el amor, ni para heridas viejas. Había cosas más urgentes que curar… como descubrir si Adrián realmente había sido el causante del desastre en la mina.
El sonido del timbre la sacó de sus pensamientos.
Se limpió las manos con un paño, sin sospechar que ese timbre traería consigo el veneno del pasado.
Cuando abrió la puerta, el aire se l