Damián estacionó su camioneta, aún venía peleando consigo mismo, por la actitud de Gabriela.
Él la considerada una mujer inteligente, de un gran corazón, pero cuando el mal carácter le brotaba, no sabía si dejarla hablando sola o besarla, así de frustrado se sentía.
Antes de entrar, escuchó algo que lo detuvo unos segundos: risas.
Aquello lo desconcertó. En esa casa, desde la muerte de su hermano Luis, la risa era un sonido casi olvidado.
Caminó despacio hasta el jardín y allí los vio. Nico