—Oye, hermano, ya que estás aquí, ¿por qué no vamos a cenar? —le propuso Jorge a Damián con su tono relajado—. Te servirá despejarte un poco.
Damián, que aún pensaba en la escena con su madre y Sara, asintió.
—Está bien. Me vendrá bien algo de comida.
Subieron al auto de Jorge y en pocos minutos llegaron a un restaurante cercano, uno de los más tranquilos del pueblo. La música sonaba suave y el ambiente era cálido. Se sentaron junto a una ventana, y cuando apenas comenzaban a cenar, Jorge, co