Adrián yacía en su cama, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, mirando el techo del apartamento. La mañana entraba tímida por las cortinas abiertas, pero él seguía sumergido en sus pensamientos.
—¿Cómo alguien puede verla así? —murmuró para sí, con un tono de desprecio—. Toda sucia, con ese olor a tierra y sudor… ¿No tendrá otras intenciones? ¿Qué le ve? ¿o simple interés?
Pensaba en Gabriela, en su exesposa, en cómo se atrevía a seguir adelante después de dejarlo, después de humillar