Pasaron tres días desde la llegada de Gerald desde América, y durante esos tres días ocurrió algo que no pasó desapercibido para nadie en la casa.
Cada mañana, sin falta, llegaban ramos de lirios.
Siempre los mismos.
Siempre impecables.
Siempre acompañados de una nota.
“Por favor… solo dame una oportunidad.”
Gerald no necesitaba preguntar de quién venían.
Lo sabía.
Y cada vez que veía uno de esos ramos, algo dentro de él hervía.
Sin siquiera dudarlo, tomaba las flores, arrancaba la nota y la la